HANGOVER 1X01. PILOTO

 

 

 

Por: Carlos Gámez

 

 

 

Entonces, ya no había dinosaurio. Era pleno siglo XXI y por supuesto, de los dinosaurios solo quedaban referencias, que se tornaban cada vez más increíbles por las investigaciones que ahora privilegiaban una raza de pavos reales descubiertos, sobrevivientes incluso al gran deshielo, tanto como las cucarachas. De los sueños que nos sostuvieron en la Modernidad poco había para salvar, y los sacrificios por herejía nos inspiraban posturas vintage. Las conquistas del arte contemporáneo se elevan desde la individualidad de cada espectador. Bien, esto, leído ahora es una perogrullada, sin embargo, para quienes toman en serio las simples posturas, que luego serán citas en grandes obras, vale la pena enunciarlo como primera ley de la evolución.

 

Hangover será una columna digital. Un espacio para el diálogo, la diversión y el pensamiento. Junto a la aspirina correspondiente, la taza de café y el pasado borroso, a flashazos; será un lugar para actualizarnos de las herramientas —mal que te pese la frasecita, Eber— y las propuestas artísticas que hoy podemos consumir.

 

Pretendo ofrecer desde esta orilla la posibilidad, más periódica ahora, de seguir, —junto a mí— las puestas en escena o las exposiciones en galería, las posturas estéticas de algunos que hoy se inspiraron en una canción de Yomil y el Danny, en la Teoría de la Relatividad o en la composición social de una colonia de algas marinas piratas en Madagascar.

 

El orden de esta caja de herramientas será fluctuante, como es la vida, como lo percibimos a diario al salir de casa. Las novedades comentadas no serán porque John Galiano recién acaba de ponerlas en la semana de la moda de NY, o Milán. Tampoco estarán obligadas a coger de la mano los principales estrenos del FITH, o las top exposiciones de la Bienal de La Habana. Sin embargo, casi todo el tiempo tendremos la posibilidad de leer esta columna y luego salir a comprobar, a disentir, a darme la razón, a reafirmar sus expectativas.

 

La lectura de crítica y crónica en la actualidad está un poco dividida en dos hemisferios: los blogs independientes y los artículos digitales de escritores exitosos que poseen columnas. De ahí que las casi museables publicaciones analógicas, impresas, hayan desestimado los espacios fijos vitalicios, en pos de una variedad que se pueda archivar, dada su escasa tirada. Muchos son los lectores que, como yo, seguimos un autor determinado y consumimos/devoramos la totalidad de sus ideas, y desde esa postura obsesiva he podido comprobar tal evolución: letra impresa-letra digital.

 

Por ello la pertinencia de esta publicación, pues no todos recibimos los escasos números del Tabloide Noticias de Artecubano, o de la cartelera Entretelones, que son las publicaciones legitimadas —entre otras— que reseñan las presencias en el circuito de exhibición. Padecer esta hangover nos hará más fuertes, más resistentes/comprensivos/vulnerables a toda experimentación, que de alguna manera podrán contrastar en otros textos de Esquife 2.0.

 

¿Qué nos resta de la primera cita? —por favor no recordar el dinosaurio y las teorías del pavorreal divino, era solo una provocación. Hoy recomiendo para después de estas líneas visitar la exposición de Consuela Castañeda en el Gran Teatro de La Habana, luego empacar y salir hacia Camagüey, donde lo mejor del teatro cubano espera en su Festival. Ya nos veremos otra vez.