HANGOVER 1X03: SALÓN DEL CCRD, NO DEL CCPC, EN MATANZAS

 

 

 

Por: Carlos Gámez

 

 

 

Corría el mes de octubre y finales. La temperatura templada del occidente era delicia de quienes guardamos las pieles y los visones para el Festival de Cine, el de Ballet, y demás eventos sociales que ocurren por estas fechas. Mas, para los acostumbrados a estos espacios, sería una sorpresa este año el 3er Salón “Cultura de Paz”, que sucedería en el Centro Cristiano de Reflexión y Diálogo-Cuba.

 

Allí estaba, con el “disfraz” de clase alta y los selfies por doquier. Unas botellas de vino tinto cerraron el merecido descanso luego de cinco días de preparación del evento a full time. Pero no es justo que solo exponga los detalles glamorosos del show, sin apenas esbozar qué tenía de especial y qué prometía a los participantes —jurado y artistas— convertirse en spotlight para los próximos años. En principio les dejo la dirección web del Centro donde podrán encontrar la información necesaria para aplicar a otros de sus espacios www.ccrdcuba.org.

 

Un salón es el lugar donde se exponen propuestas de una variedad de artistas en función de las bases convocadas. Primero se realiza una selección y se decantan las obras en función de los intereses conceptuales y estéticos de la institución o entidad patrocinadora. Más tarde y para culminar, se premia a las piezas que se consideren superiores, reconociendo los valores frente al resto. Tipología esta que viene del siglo XIX y que sin dudas, todavía arrastra una serie de falsas expectativas, subjetividades encontradas y competencia, no siempre reciprocada desde el mejor de los premios.

 

Sin embargo, todavía el Centro de Desarrollo de las Artes Visuales de La Habana, convoca a un salón; la Iglesia “La Trinidad” en Santiago de Cuba también, y todas las provincias tienen uno similar que posiciona a los artistas ganadores al frente de la vanguardia visual de cada sitio.

 

En esta ocasión fue una experiencia similar a las modélicas: un jurado que se particionó para escoger las obras en categorías audiovisuales y plásticas, de acuerdo a sus especialidades. Luego una reunión con todos para el gran premio, y finalmente una serie de premios colaterales que fueron desde los acostumbrados UNEAC, ACCS, hasta los emprendedores restaurants de moda en la ciudad. Pienso que esta iniciativa, como parte del interés por unificar la mayor cantidad de intereses en función de la cultura y su desarrollo, sería algo para recordar y felicitar a quienes utilizan medios referenciales de otras geografías.              

 

Para recordar también quedó la experiencia curatorial una vez seleccionadas la totalidad de las obras presentadas. Y entonces, frente al mar de 81 propuestas, entre fotografías, pinturas, instalaciones, artesanías y dibujos, el gran reto fue darle una voz legitimada a quienes tienen como política de trabajo la inclusividad. Cierto es que la curaduría es una disciplina que excluye todo el tiempo en función de una narración determinada, pero también puede tornarse tan dúctil como un chicle, si de filosofías populares se trata.

 

Así fue que las piezas se ubicaron en relación con las cuatro temáticas que el salón había establecido en las bases de la convocatoria, y las soluciones visuales llegaron en un momento supeditado a la mean idea. Por lo tanto, tuvimos la dicha de armar una museografía completamente subjetiva, al punto de necesitar un curso de subterfugios visuales para entender la lectura de la muestra.

 

Cada salón corre con el mismo problema/reto: contar una historia que no se fragmente demasiado hasta convertirse en ilegible. Los curadores debemos ser inclusivos y exclusivos, en tanto defendemos las posturas de la estética, las del evento y las de la institución, que a veces no coinciden entre sí. Hoy, en mi Habana, frente al monitor y buscando las ideas para justificar una ilación incluso invisible para los espejuelos de Anna Wintour, me doy cuenta que la magia de aquel salón estaba en lo que significó para nosotros como especialistas: fue como hacer un happening por 120 horas, algo que no existirá más allá de ese preciso instante. Aunque luego se trate de documentar o proyectar, las neuronas nunca volverán a eclosionar como en estos últimos cinco días.

 

Las políticas del Centro son una de sus principales directrices y para esta ocasión fungieron como columna vertebral. No queda más que pensar en las paredes montadas hoy en el Salón de Protocolo, en el vino que todavía disfruto, y en los cientos de personas que estuvieron presentes para premiar en pleno siglo XXI una iniciativa que excluye hasta el tuétano, y todavía se siente inclusivamente en el XIX.