HANGOVER 1X06: THE LIGHT IS IN CHARGE

 

Carlos Gámez

 

Leyeron bien. El título, una vez más, está en inglés, y hace alusión al cine, que no es teatro ni artes visuales, dos de las manifestaciones de las que generalmente escribo. Significa: la luz está a cargo, la luz manda, es quien lleva los pantalones, es la “mujer” de la relación.

 

En los pasados días estuve trabajando en el rodaje de un corto del que he aprendido mucho. Primero como experiencia de vida, segundo: como diseñador de vestuario que fue el departamento, sin asistente, en el que estuve. El cine tiene muchas peculiaridades, que como el teatro, si no se descubren desde adentro, es imposible imaginarlas. Pero vayamos hoy por las ramas, que el tráfico en el centro está difícil.

 

Allá las cosas, las acciones deben ser más rápidas. No puedes perder tiempo imaginando qué harás o de dónde sacarás la carta que se quedó trabada. Es cuestión de “capitalismo” si quisiéramos hablar desde el matiz popular de los que dicen que “allá” time is money. De ahí que muchos quieran mantenerse bajo los reflectores una vez que tocan la silla plegable.

 

Y ciertamente no considero errado el interés de la producción en calcular las centésimas de tiempo pues al final hay un equipo allí y de todos se requiere el mayor esfuerzo. Sin embargo, esa misma razón que ahora estoy despegando del resto de las artes como “más productiva” es la misma que luego se vuelve en su contra.

 

Vengo de un mundo donde se necesita madurar las actuaciones, donde los actores sienten los aromas de sus personajes para entenderlos, donde se requiere de un cálculo minucioso para —también— construir en el tiempo preciso, la anécdota, la historia perfecta a contar. Por lo que tal velocidad me pareció demasiado “extranjera” para mi gusto.

 

El cine es un tipo de lenguaje que podemos entender desde sus especializaciones: guion, fotografía, sonido, luces, maquillaje, vestuario, producción, actuaciones, script, dirección de arte y dirección general. Todas ellas son necesarias para escuchar el ¡acción¡ que dará comienzo a la grabación. Así, entre un ejército de especialistas, donde el actor está en medio, la maquinaria del cine pretende sustentarse más allá de los cambios tecnológicos, justo como se ilustra en El congreso (Ari Folman, 2013).

 

Toda esta letanía es para confesarles que muchas veces hacemos cosas para experimentar, que la mayoría de ellas son para mantener un estatus económico, que a su vez nos permita seguir con la vida que por ahora quisiéramos tener.

 

De la experiencia artística, muy poco me llevo. Nada tan gratificante como la magia de lo efímero, como la energía de la escena que se te viene encima y te carga hasta aplastar esa parte incrédula de ti. Allí no hay pausa, allí no hay rositas que desvíen la tensión que se apodera de tu psiquis.

 

Como bien delata el título, la luz está a cargo. Pocas intervenciones se hacen tan imprescindibles como la de la iluminación en el cine. De ahí su dependencia interna, y de ahí ese árbol que se levanta sobre el guion, porque no se puede comenzar, tampoco, sin este main character. 

 

De mi experiencia necesito confesar que tampoco me gustó la historia que ayudé a contar. Y precisamente ese era mi pie izquierdo. Consejo: no calientes la comida si no te la vas a comer. Nunca dije o emití la más mínima conjetura sobre nada que no fuesen botones, accesorios, estilos de noche, día, alternativos, chic. Porque uno tiene que saber su lugar ante todo, y luego dar los primeros pasos allí donde la pisada es segura y el terreno firme.        

 

Que cuando las experiencias de la vida se relacionan con la alfombra roja todos pensamos que Armani está involucrado y las transparencias de Valentino serán el tamiz por el que verán nuestra silueta. Pero desde la posición de resacado crónico le digo que «hay placeres en la vida que yo no sé…».