HANGOVER 1X08: PRIMERO RUBIAS, LUEGO VÍCTIMAS

 

 

 

Por: Carlos Gámez

 

 

 

Hoy nos ceñiremos al guion. Toda mujer que se respete ha querido ser rubia algún día, algún segundo de su vida, en alguna existencia pasada que ahora niega con fervor. Y es que la fatalidad que acompaña al peróxido es algo tan seductor que a muchos nos tiene por los pelos. Razón por la que ese genio del cine que fue Alfred Hitchcock siempre encabezaba sus listas de cadáveres con blondies.

 

Pero ya prometí que hoy será un texto más conservador. Por lo que nuestro protagonista no será una película, sino una pieza teatral. Los pasados días de noviembre tuvimos la 3ra. Bacanal de títeres para adultos. Con la presentación de varias propuestas se revisaron algunas y otras sorprendieron por sus soluciones escénicas, textos hilarantes o vestigios de adaptaciones.

 

Del último de los grupos proviene Psycho Street Cut, una puesta dirigida por Niels Grønne y Niels Peter Kløft, ambos del grupo danés Dansk Rakkerpak. Una de las adaptaciones que se le ha hecho a Psicosis (1960) del director inglés, ahora con la parodia como singularidad y el peso de la trama sobre los hombros del handy en escena.

 

Aunque parezca un chiste no lo es, pues Thomas Dinesen, a cargo de la música y efectos, ha sido un gran actor y colaborador del thriller. Cuando la música de la puesta se interpreta en vivo, es como si la pieza tuviera más influencia sobre su público. Y esta es otra de las bonanzas de la obra: una selección de temas musicales que más allá de la época en que fueron éxitos, transportan desde la referencia a la tensión de la pantalla, aunque estemos en el teatro, la convención se fracture cada cinco minutos como parte del montaje, y la comedia sea la zona de confort.

 

Psycho… es una puesta que narra la historia de una cantante de cabaret rubia que es asesinada, y de cómo su hermana Lila y un detective privado, Milton, descubren el crimen causado por Norman Bates, psicópata y villano de la puesta. Una trama, que se regodea en el terror de la situación para llevar al público a grandes carcajadas en los momentos más siniestros: asesinato de Marion, descubrimiento del cadáver de la madre de Norman, pelea final entre Norman, Lila y Milton.

 

Precisamente como la obra fue concebida para adultos, el humor negro que pervive durante la hora de duración es una parte esencial del montaje, razón por la cual se presentan a los personajes desde la dualidad que los actores asumirán, al tiempo que juegan con gags cinematográficos, extraídos de series de televisión con similitud de público.

 

Sin embargo, quisiera detenerme en los elementos titeriles, que son el motivo por el que estuvieron en la cita bienal. Pudiéramos comenzar desde la concepción de personajes como Lila en su living room, y el diálogo que se establece luego a partir de los matices de la perspectiva y los planos de acción. Pues más tarde aparecerá el personaje a tamaño natural y no sentiremos cambio alguno en las presencias corporales, pues será como un calco ampliado desde la manipulación, las voces y el vestuario. De igual modo, las escenas en el motel que ocurren en miniatura y luego son magnificadas hasta escala humana, junto a la huida de Marion con el collar robado, son realizadas a partir de una meticulosidad en las acciones que pudiéramos, al tiempo que vemos el auto por la rampa, sentirnos dentro como si acompañáramos a la fugitiva.

 

La decisión a favor de los juguetes: auto de los cincuentas y Barbies, tiene el mayor de los méritos en la puesta, a partir del manifiesto que representan con el tipo de humor que trabajan, la estética minuciosa en que construyeron los escenarios y la visualidad títere-actor en constante diálogo.

 

Para Psycho… hay una manera de contar la historia que ellos decidieron re-construir, y esa no lleva sangre real, ni legía en el baño para borrar las huellas del asesinato. Se mata a la cantante con un pescado, y se utiliza en la cartuchera del detective un plátano maduro, ambos sacrificios en pos de la no violencia infantil, pues nunca se escapa de la presencia de un menor de 18 años en el auditorio, detalle que hace a la propuesta más filantrópica.

 

Como bien dije al principio, hoy Hangover se vistió de gala para asistir al teatro; a presenciar un crimen de primer grado y ver la sangre correr, es cierto, pero a convencer —también— de lo peligroso que son los químicos en el cabello, y las consecuencias letales que traen consigo.