HANGOVER 1X12: PREOCUPACIONES DE UN CURADOR

 

 

 

Por: Carlos Gámez

 

 

 

Para el proceso de creación de una muestra es preciso, casi en su totalidad, la alineación planetaria de Lara Croft. Porque me parece importante hablar de estos temas que pueden ser sectarios para unos, pero medulares para otros, no la Astrología sino la Curaduría, esta semana hablaré sobre ellos.

 

Para curar una exposición primero se debe tener una idea. Y ahí está mi tesis: muchos nos encontramos en la disyuntiva de pensar si con varias obras podemos armar un proyecto, o sin ninguna y con una gran idea. Entonces llegan las invocaciones y los pedidos de imposibles a los artistas, o al curador. Alguien por lo general sale perdiendo, como es costumbre en la vida de opciones binarias: ganas o pierdes.

 

La idea para una exposición es tan importante como la cosa en sí. Porque si te interesa ilustrar cierto proceso o fenómeno, no hay mejor manera de hacerlo que proponiéndote una estrategia, y para ello a partir de cierto código referencial elaborar tu tesis.

 

Sin embargo, no hay nada más difícil en la vida humana, homo sapiens, que hacer coincidir tu opinión con la del otro. Porque por muchas razones en común que existan, pocas en ese instante, estarán disponibles para asistir a la reunión. Así se encuentra el curador en la diatriba que me pareció lógico ventilar hoy.

 

Tenemos dos opciones: sedemos a todo y perdemos la capacidad de negociar en pos de nuestro propio bien público; o nos mantenemos en nuestra posición virginal de iluminación y tendremos la muestra holográficamente en nuestras mentes y nada más.

 

Las propuestas curatoriales deben ser el instante donde promocionar la estética de un artista, pero también la creatividad de su magician, razón que se abandona muchas veces a la interpretación de los asistentes a la muestra. Por eso sucede que visitamos exposiciones y tenemos la impresión de estar frente a una buena idea, pero no tenemos seguridad si estamos en lo cierto. Pues muchas obras no encajan en nuestra “interpretación” y aquí llega el hándicap más cercano: si todo puede ser TODO, y el arte es particular en la medida en que sea descubierto por cada uno en su individualidad, no es necesario descubrir esa verdad curatorial que pensé regía la muestra

 

Yo, que soy curador, que voy a las exposiciones con el interés de descubrir nuevos talentos, y a mi vez tener una inspiración con la obra de un colega, les digo que la “interpretación válida de todos” significa el fracaso de su guía. Puede ser importante, incluso, como valor agregado que los presentes muevan sus ideas en torno a un cúmulo de teorías, pero la intensión de un curador, no es como “la verdad del artista sobre su obra”. Nosotros queremos a todas luces que sea descubierto nuestro discurso, que la investigación, la motivación del autor se sepa, y por eso armamos todo un show; no para que el ad libitum sea nuestro espíritu rector.

 

Cada exposición con una tesis precisa de las colaboraciones de sus primeras letras: las obras. Por ello me propongo plantear a esta altura una idea principal y el centro de todas mis opiniones/preocupaciones hoy: ¿Podemos ser vistos como artistas los curadores, sin que sean eclipsadas las obras? ¿Podría existir la fina línea divisoria entre ilusión y realidad, de manera que se acerque a la segunda, sin desaparecer la primera? ¿Cuántas veces curador, espectador, o artista, se ha sentido cómodo con las negociaciones del proceso gestor de una muestra? Haga un ejercicio de memoria y recuerde las últimas galerías visitadas y piense en sus respectivos discursos curatoriales, ¿los tomó en cuenta, los descubrió?

 

Estas ideas expresadas al escucha/lector de la red han provocado desvelo últimamente en mis recorridos por las galerías de la ciudad. Pero, para no dejar un sabor amargo en sus labios, una tarea: visiten el Colegio de Arquitectos de
La Habana, en Humbolt esquina Infanta. Allí frente a la exposición Nido sin árbol, háganse las preguntas que me atormentan.