LUXURY PROBLEMS: UNA ELEGANCIA DESALIÑADA PARA AUDÍFONOS

 

 

 

Por: Danilo Guerrero Montero

 

 

 

Cuando un artista decide retornar a sus raíces por lo general se embarca en un ejercicio formal donde primero perfecciona un estilo ya existente y luego propone un nuevo tratado sobre el campo al cual ha decidido echar una ojeada. Cuando el aclamado defensor de las sub-bajas y productor de techno chirriante: Andy Stott echa un vistazo a su retrovisor en 2012, encuentra la voz de su antigua profesora de piano y los gustos musicales de la adolescencia. Decide entonces juntar pasado y presente, procesándolo todo en su fábrica de sonido de dormitorio, y crear algo nuevo, emocionante, desconocido y poco convencional, que quedara plasmado en su tercer larga duración: Luxury Problems (Modern Love, 2012)

 

El fonograma de Stott no reclama un territorio en las pistas de baile. Es un álbum que acecha feliz desde la sombra, como los registros anteriores del artista de Manchester. Pero la inherente oscuridad de las mezclas cavernosas y degradadas se sumergen esta vez en un minimalismo reverberante y granular, donde además se unen las voces procesadas, sometidas al bajo en una especie de sacrificio primigenio. El resultado del experimento es abrumador y provoca aún escalofríos a más de un fanático.

 

Stott declara en 2011 a la revista The Wire: «Para mí, todo pasa por la textura. La cosa mecánica y fría no me interesa. […] Creo que las pistas orgánicas, humanas, son más duraderas. O sea, aprecio la perfección, el pulido clínico al menor detalle, pero no significa que uno deba hacer eso todo el tiempo».

 

Con Luxury Problems, Andy Stott llega a su obra maestra. El aclamado productor británico, conocido con anterioridad por su trabajo bajo el seudónimo de Andrea, extiende su fama a pasos agigantados con la publicación de un par de grabaciones extendidas: "Passed Me By" y "We Stay Together", que redefinen en mayor o menor medida el lenguaje del dub-techno de antaño, gracias a un sonido en el que los ritmos ocurren como en cámara lenta, ahogados en atmósferas opresivas y evocadoras.

 

El larga duración confirma la visión de Stott de un techno cercano a lo meditativo que, sin abandonar el pulso inquietante característico en su catálogo, puede ocupar sin escatimos un lugar de honor entre los grandes nombres de la escena electrónica mundial. Las piezas ahora son de corte más pulido y algunas de ellas se enriquecen por los hermosos ecos de Alison Skidmore, cantante de ópera que fuera profesora de piano del adolescente Andy Scott. Skidmore se encarga de abrir el fonograma con sus susurros en la letárgica "Numb", todo un ejercicio de elegancia ambient, interrumpida a los tres minutos por un profundísimo bajo oscilante que parece sacado del núcleo terrestre.

 

Como drone music se conoce al estilo de música minimalista, caracterizado por el uso de sonidos y notas sostenidas o repetidas en el tiempo. En esta corriente musical suelen ser habituales las composiciones largas, desprovistas prácticamente de variaciones armónicas durante toda la pieza. Entre los músicos que se han dedicado a este estilo sonoro se encuentra Stott, un productor mancuniano de música dub y techno que decidie probar suerte con la experimentación, en vez de dar un nuevo hueso que roer a los oídos ya educados por su música.

 

Si con las grabaciones anteriores el productor inglés capta la atención de las audiencias y la crítica especializada internacional, en esta ocasión la elaborada producción y los esquemas de la música pop de Luxury Problems, logra convencer al gran público y sirven de contrapunto al nuevo dubstep lanzado por artistas como Skrillex y Steve Aoki, que no paraban de sonar entonces en todas partes.

 

El álbum viaja sobre la cuerda de formaciones como Burial, Ben Frost, Flying Lotus o Fever Ray, pero de una forma diferente. Sus temas oscuros describen tétricos paisajes dibujados con sonido, como una banda sonora perfecta para esos sueños que te despiertan con taquicardias y empapado en sudor.

 

Alison Skidmore, la mujer seductora y mutante que prefigura las pistas, se representa a la perfección en la modelo del arte de tapa: una joven plegada flotando en el aire, a punto de alinear su cuerpo cual lanza sobre la piscina del clavado olímpico. Metafóricamente, ese salto al agua va directo a la plataforma submarina de grooves, que Stott lograba personalizar tras una década de perfeccionamiento de su estilo en los clubes británicos.

 

Por otra parte, la sensación aislacionista y la dedicada atención al detalle creadas por el fonograma, son requerimientos funcionales del artista. Las grabaciones de Andy Stott ceden el lugar de la compañía de la electrónica de sofá, para dirigirnos al confort autorreflexivo de unas bocinas pegadas a los oídos, marcando el ritmo de un instante álgido de nuestra existencia. Luxury Problems es ante todo esa experiencia personal ante la obra de arte. Es música para audífonos.

 

Oscuras atmósferas industriales, melodías vocales oníricas y ritmos corrompidos por el contratiempo. Ante las audiencias discurren cuarenta y ocho minutos y ocho piezas que logran escanciar un hilo musical fluctuante pero homogéneo. El músico mancuniano utiliza algunas de las técnicas de sus dos grabaciones extendidas previas para, junto a sus ritmos coagulados y crujientes, apoyarse de forma sutil en las sofisticadas vocales de la Skidmore. Cinco de los ocho temas llevan ese ADN. El formato de larga duración del fonograma le da además al artista libertad para trabajar a fondo las particularidades tema a tema. Las capas de sonido se amontonan tanto en forma de parches de seda o placas de metales y las transiciones y empastes de beats con las voces rozan lo sublime. El detallismo final del conjunto es un trabajo de orfebrería de alto nivel. Es evidente que Stott intenta humanizar su música, dotándola de luminiscencias etéreas, neblinas melancólicas y melodías fracturadas, al tiempo que se desfiguran muchas de las rugosidades industriales, excesivamente descarnadas en un pasado reciente. A pesar de las mutaciones, el trazado musical sigue su ruta por el bordillo de la penumbra.

 

Mientras algunos críticos encumbran a Luxury Problems por el atrevimiento, otros se lanzan cual lobos sobre su presa. Muchos de sus fanáticos neoindustriales han censurado este giro dado por Stott, tachándolo como «demasiado pop». Al final, ninguna de las comparaciones dadas a Andy Stott (Massive Attack, Burial, Luomo) hacen justicia a Luxury Problems: un disco "extraño" que en su insólita naturaleza reside su mayor virtud.

 

Walter Benjamin escribió que «No encontrar el camino propio en una ciudad bien puede resultar poco interesante y banal, [pues la faena] requiere solo de ignorancia. Pero perderse a sí mismo en una ciudad, como perderse en un bosque, exige una educación muy diferente». El ser humano no se extravía: se pierde a sí mismo y al hacerlo, alcanza una cercanía más completa al ser que al orden monótono que caracteriza a la rutina diaria.

 

Una paradoja similar anima al proyecto discográfico lanzado por Andy Stott en 2012. Luxury Problems representa un apogeo de elegancia desaliñada y ritmos cuajados, gruñendo dentro de paredes que se desmoronan por la curvatura. Es un regocijo memorable y pasajero que, más que perturbar, logra restaurar el equilibrio. Es una proeza de la ingeniería al servicio del arte.